Ve Rocamora potencial en el Kinect.

jueves, 14 de noviembre de 2013

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“Usar el Kinect sólo para videojuegos es un desperdicio”, aseguró Juan Rocamora, de la Facultad de Ingeniería, al referirse al nuevo aditamento que permite a los gamers deshacerse de los mandos a distancia y controlar los movimientos de sus héroes virtuales ya no con botones y palancas, sino con el movimiento del cuerpo.

“Se trata de un aparato que lanza un patrón de rayos láser para detectar todo aquello que tenga enfrente, a qué distancia está cada objeto y cualquier modificación en su posición. De esta manera, al insertar un disco de box en la consola de juegos y dar golpes en el aire, en la pantalla del televisor observas cómo un púgil reproduce tus jabs y rectos, hasta noquear al rival”, expuso el joven.

Sin embargo, más allá de la oportunidad de divertirse, Rocamora ha visto en el Kinect una gama de posibilidades no considerada por sus creadores, y ha empleado el aparato y sus algoritmos para fabricar sillas de ruedas que se mueven con sólo tensar un músculo, robots que siguen los pasos de su amo y aplicaciones que permiten manipular computadoras con apenas mover un dedo.

Para averiguar lo que puede hacer el Kinect tan sólo hay un requisito, “no tener miedo y conectarlo a la computadora, en vez de hacerlo al Xbox. Las sorpresas pueden ser muchas, y lo mejor es que, como es una herramienta con entrada USB, prácticamente todos podemos meterle mano, analizar su protocolo y crear drivers propios”.

Esto explica por qué, desde noviembre pasado —fecha en la que salió a la venta— hasta hoy, muchas cosas han cambiado y surgido prácticamente de la nada, “en gran parte por el entusiasmo de infinidad de usuarios que han encontrado nuevas aplicaciones”, dijo Juan, quien parece coincidir con el Conde de Lautréamont, quien aseveraba: “La poesía debe ser hecha por todos, no por uno”.

Aunque el poeta uruguayo se refería a la creación artística, su lema puede aplicarse en otros campos, pues “justamente así es como se genera el desarrollo tecnológico y el conocimiento, de forma colectiva. Surge a partir de una multitud de personas que aunque trabajan individualmente, comparten sus resultados y los ponen a disposición de quien esté dispuesto a apropiárselos y mejorarlos, y el Kinect no es la excepción”, aseguró Juan Rocamora.

Gran parte del entusiasmo que generó la salida del dispositivo se debió a que, a lo largo de 2010, las revistas de tecnología se dedicaron a especular sobre este aditamento que, se decía, cambiaría “de una vez y para siempre la manera de concebir los videojuegos”, incluso aunque no supieran a ciencia cierta cómo era este sensor, pues como consignó una publicación, se trataba “de uno de los secretos mejor guardados de Bill Gates”.

Fueron pocas personas las que pudieron estar en contacto con él antes de su lanzamiento, y una de ellas fue precisamente Juan Rocamora, quien el año pasado realizó una estancia de investigación en la Universidad del Sur de California, “sin saber que mi mentor allá, el profesor Gérad G. Medioni, era uno de los contados individuos con un prototipo de Kinect en sus manos. Fue así como pude experimentar. Mi trabajo era entender cómo funcionaba y desarrollar algo nuevo, para así llevarlo más allá de lo que usualmente hace al estar conectado a una consola”.

Mucho más que un juego de niños.
“Para empezar, dejemos algo en claro, el Kinect no es propiamente una cámara, como se piensa, sino un sensor de distancias capaz de captar objetos en tres dimensiones. Es un instrumento que, al determinar qué tan lejos está cada cosa, permite calcular volúmenes. Si entendemos esto, nos encontramos ya en condiciones de imaginar todo aquello que puede, o no, hacer”, explicó, para luego añadir, “éste es el primer paso para echar a andar desarrollos tan diversos como los que hasta hoy se han generado”.

Por ejemplo, al no funcionar como una cámara tradicional, expuso el joven ingeniero, no necesita luz “para ver”, lo que lo hace superior a las herramientas infrarrojas usadas en misiones nocturnas de rescate. “De hecho, ya hay quien montó uno de estos aparatos a un pequeño helicóptero a control remoto, pues para encontrar a una víctima en la oscuridad, es mucho más efectivo detectar formas con láser que percibir colores con una cámara, y ésta es tan sólo una de sus muchas aplicaciones”. Fuente: UNAM.

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